ExtrañO.
Capitulo l (Hallazgo)
Con un simple movimiento de ojos recorrió toda la sala de espera de ese hospital una y otra vez como buscando algo.
Su rostro mostraba un estado de desesperación, realmente alarmante y por lo que se podía apreciar nunca antes visto por los personas que se encontraban ahí entre los que estaba yo, sin intenciones de exagerar o mentir, pero creo que asusto a mas de uno, lo cual me sorprendió, teniendo en cuenta el lugar donde me encontraba.
Juro que no podía apartar la vista de este extraño ser, su aspecto era deplorable, estaba despeinado, con la camisa rasgada y el pantalón cubierto de barro, lastimado y sus zapatos, si es que traía, estaban sepultados, bajo lo húmeda tierra que cubría las piernas del hombre hasta la rodilla.
El tiempo corría para todos menos para el, se mantuvo inmóvil por largo rato, duro, mas bien petrificado, junto al umbral de acceso a la recepción del nosocomio. Pasados algunos minutos, una joven enfermera, de dulce apariencia y corta edad, se acerco a él para preguntarle qué le sucedía y si podía ayudarlo de modo alguno. Pero parecía no escucharla, ignorando la existencia de la joven y la de los allí presentes. No esbozó siquiera gesto alguno que mostrara vitalidad o noción de lo que sucedía, sólo clavó su intensa mirada en mi. Ahí nos encontrábamos entre el minuto 22 y el minuto 23 de alguna hora.
Fue cuando entonces para mí también se detuvo el tiempo. Ya no oía a las agujas correr, no se escuchaba respiro alguno, siquiera el mío, nada, silencio y nada mas.
Capitulo ll (Miedo)
Tras un simple y breve parpadeo, me encontré solo en esa sala junto al extraño hombre, la verdad no entendía lo que sucedió, pero así fue, solo él y yo, nadie más. Un extraño escalofrío me acaricio hasta el último extremo de mi cuerpo, sentí por primera vez miedo, un miedo nunca antes vivido, por que así era, no lo sentía, ¡lo estaba viviendo!
Me di a la fuga, como quien huye de un monstruo o un ratero de la policía, corrí y corrí sin mirar nunca hacia atrás, cruce el parque en diagonal, para acortar el camino hacia algún sitio, pise la vereda de la iglesia, cruce varias calles, pero si saber hacia donde iba.
Me encontré sentado en la estación de trenes con un boleto en la mano, me costa entender lo que me estaba sucediendo.
¿En que momento saque el pasaje? Me preguntaba, ¿Hacia donde voy? ¿Por que? , ninguna de mis preguntas tuvo su respuesta, solo tenia la imagen de ese hombre que tanto me asustaba en mi cabeza., a pesar de no saber bien por que me asustaba.
Un fuerte ruido me trajo de nuevo a la estación, había llegado el tren y si no me apresuraba, el mismo se iría. Fue justo ahí cuando me di cuenta que mi abrigo quedo en el banco de la sala de espera del hospital, ya que la temperatura había bajado y el frío de Agosto se hacia sentir.
Ocupe mi lugar y espere que el tren saliera, una vez en marcha y a lo largo del viaje me entretuve con un viejo diario, intentando olvidar el miedo que sentía, pero él ahí estaba, tan metido como el alma misma, trayendo a mi cabeza una y otra vez su rostro.
Capitulo lll (Frágil)
Su imagen se repetía como una vieja película de terror en mi cabeza, conté cuanto poste cruzamos, por un largo rato, busque sin encontrar alguna persona en el vagón, que al menos me diera charla y así olvidar la imagen, pero nada la sacaba.
Subí las piernas al asiento y las abrace, tal como hacia de niño cuando el miedo me invadía, me sentí vulnerable, frágil, como una copa de cristal en el medio de la calle, cerré los ojos y conté hasta mil, luego dos mil y hasta creo haber inventado mas números con tal de alargar la cuenta..
El tren, llego al final del recorrido, me encontraba en la estación central, sin saber a donde ir, motivo por el cual no me levante de mi asiento. Pero un señor mayor que llevaba uniforme, me pidió una y otra vez que bajara de la formación. Él no entendía lo que me estaba pasado, como entenderlo si ni yo lo sabía, lo hizo algunas veces más en forma amable, hasta que perdió la paciencia y me arranco del asiento con fuerza y me arrojo en la estación, quedándose con el parte de mi camisa. Ahí me quede por largo rato, llorando y sin saber que hacer, me incorpore en forma lenta, por el dolor causado por el golpe al caer del tren y comencé a caminar hacia la salida, con la angustia y esa fea sensación del niño perdido, que espera ver aparecer al padre en algún lugar.
Capitulo lV (Shock).
Caminé por las calles sin prestar mucha atención, pero creo que me encontraba en un de los barrios mas antiguos de la cuidad, infectado de imágenes paganas y horribles gárgolas, que a mi entender más inoportunas no habían podido ser, fué la cuota de horror que faltaba para hacerme entrar en una suma desesperación.
Corrí nuevamente, sinceramente no se con que fuerzas por que apenas me podía mover, pero corrí como nunca lo había hecho.
Un escalón, puso fin a mi marcha, precipitándome al suelo en cuestión de segundos, otro duro golpe sobre mis rodillas, a este ritmo no terminaría la noche entero. Al intentar incorporarme, con mayor dificultad en esta oportunidad, observe mi rostro reflejado en un charco de agua oscuro como la noche, lo hice por un largo rato. Estaba totalmente desfigurado, era yo aquel hombre.
Fue ahí cuando perdí la noción del tiempo, ya no entendí nada más y realmente entre en shock.
Entiendo que en algún momento comencé la marcha, como una persona sonámbula en medio de la noche gris, totalmente ausente y ajeno a mi contexto, sin notar quien pasaba junto a mi, si llovía o si algún vehiculo venia al cruzar, debo haber caminado muchas horas, estimo, por el recibo que acusaron mis golpeadas piernas al momento de entrar al hospital en busca de asistencia, pues no paraba de sangrar y apenas si podía caminar.
Capitulo V (principio del fin)
Camine por los oscuros y extensos pasillos del hospital, ya había estado antes ahí, cada paso que daba mayor era el miedo, otra vez el maldito miedo se volvió a apoderar de mi.
Detuve mi marcha en el umbral de entrada, de la guardia de primeros auxilios, el lugar sin duda lo conocía, parado junto a la recepción comencé a observar todo el sitio, buscando tratar de entender donde estaba, que era un hospital era claro, pero por que me resultaba tan familiar.
Cuando en un momento, algo me perturbo, un muchacho no dejaba de observarme, su vista calaba mis huesos, realmente me intimidaba, lo veía obsérvame de la cabeza a los pies, luego clavo su mirada en la mía. Una joven enfermera irrumpió en la escena ofreciendo su ayuda, pero hice caso omiso, me preocupaba este joven. Lo veía conocido, muy familiar, dude en acercarme a hablar con el, pero antes que me decidiera a hacerlo, se levanto de repente y comenzó a correr.